¿Qué valores estamos ofreciendo a nuestros hijos?
Espacio para la reflexión y debate sobre la prevención de drogas y salud en la infancia desde la familia y la escuela
A lo largo de todo mi ejercicio profesional, puedo dar constancia de lo que cuesta acudir al psicólogo cuando vemos que algo no funciona en nuestras vidas. A menudo, las personas piden ayuda psicológica cuando el problema que los trae a consulta se ha hecho demasiado grande y ha adquirido unas dimensiones de gran tamaño.
El trabajo en Comunidad Terapéutica, es arduo y complicado, pues en la mayoría de casos, los pacientes acuden tras mucho tiempo de enfermedad, bien sea por consumo de drogas, bien por otras complicaciones emocionales que han ido deteriorando las diferentes áreas vitales de la persona: problemas económicos (deudas, etc.), problemas familiares y de pareja, problemas personales (mentales, autoestima, sentimientos de culpa, fracaso, angustia, depresión, etc.).
Cuando llega la intervención psicoterapéutica, generalmente es cuando ya se han producido grandes desastres emocionales y vitales… entonces es momento de deshilvanar la historia, rebobinar hacia atrás para ver donde y cómo se originó el problema. Generalmente lleva un largo tiempo navegar por el histórico de la persona y descubrir todo el conjunto de factores personales, familiares, sociales, ambientales, genéticos, históricos, etc. así como todas aquellas vivencias y sensaciones que van impregnando la personalidad del individuo desde su nacimiento y, que la van determinando y conduciendo a lo largo de su vida por caminos equivocados e insanos.
Desvelar todo ese entramado de circunstancias, vivencias y sensaciones, es largo y a veces doloroso, es remover en recuerdos pasados que estaban enterrados y parecían olvidados, es darte cuenta de errores, equivocaciones, fracasos, etc. aunque también se van descubriendo habilidades y capacidades nuevas que nunca antes se habían despertado. Por eso, aunque el proceso se hace difícil, el resultado final resulta tremendamente gratificante tanto para el paciente como para el psicoterapeuta que acompaña en este camino de salud.
Pero llegado a este punto, yo me he planteado muchas veces en mi trabajo de Comunidad Terapéutica ¿Por qué tenemos que esperar tanto a pedir ayuda? ¿Porqué las personas que llegan a una Comunidad Terapéutica no acuden a terapia antes de que las consecuencias sean demasiado dolorosas? ¿Porqué a veces hay que poner la mano en el fuego y quemarte para darte cuenta de que el fuego quema?
De aquí nace el objetivo de esta charla, poder trabajar desde la prevención, desde la salud, desde el principio. En esta charla, intentaré ofrecer herramientas y bases para crear una base sólida en la construcción de la personalidad de nuestros hijos. Igualmente, también os quiero decir que no todo dependerá de nosotros, ni se resuelve con una simple receta mágica. Pero si ayudamos desde el principio a que nuestros hijos crezcan con unos buenos cimientos, la probabilidad de que haya problemas en el futuro se reduce. Por eso si nos preguntamos ¿Cuándo es el momento de hacer esta prevención? Pues la prevención empieza desde el momento en que nuestro hijo viene a la vida.
Al contrario de lo que se pueda pensar, la prevención de drogas no se trabaja a partir de la adolescencia, sino desde que el niño nace…con los valores que le vamos transmitiendo como padres, los límites que les vamos poniendo, el afecto y el cuidado que les damos, nuestra forma de actuar y afrontar los problemas y la vida… todo un conjunto de factores en inciden de forma directa en nuestros hijos.
Primeramente, vamos a hacer un repaso de todos los factores, todas las piezas del puzzle que toman parte en un problema de adicción, para así ver cómo podemos actuar:
PRIMER ASPECTO: NUESTRA SOCIEDAD
¿En qué escenario se mueven nuestros hijos?¿En qué sociedad viven nuestros hijos?¿Qué valores rigen la sociedad donde nuestros van a moverse?
Primero de todo, vamos a revisar aquellos valores de la sociedad de hoy día que pueden influir o propiciar el consumo de drogas de nuestro país.
Actitud permisiva ante el consumo de drogas
En términos generales, se puede decir que la sociedad muestra rechazo, miedo y aversión hacia todo lo que se refiere a drogas en general. Sin embargo, cuando las drogas pasan por delante nuestro, no nos sorprendemos al verlas y convivir con ellas, es como si hubiéramos normalizado el uso de las drogas en determinadas circunstancias.
¿Cuántas veces hemos visto a alguien conducir bajo los efectos del alcohol y no hemos hecho nada?
¿Por qué no nos llama la atención ver un balcón con plantas de marihuana?
¿Por qué nadie se alarma al ver la imagen de unos jóvenes sentados en el banco de un parque fumando porros?
¿Por qué nadie se preocupa cuando encontramos un chaval de 14 años tirado en el suelo como consecuencia de una borrachera?
¿Cómo es que no nos preocupa ver un amigo o familiar cercano que se automedica con tranquilizantes (benzodiacepinas) cuando se siente nervioso, o hipnóticos para dormir?
Seguro que en esta sala hay más de una y de dos personas que opinan que no es nocivo fumarte un porro en algunas ocasiones, sobretodo en la adolescencia que es cuando has de probar cosas nuevas. Las drogas forman parte de nuestra realidad y sin embargo, hay como un relajamiento o laxitud frente al consumo.
¡Hakunna Matata!! ¡Carpe diem! Aprovecha el momento
Estamos en una sociedad, donde la premisa fundamental consiste en tomarte la vida con placer, disfrutar todo lo que podamos, porque estamos en esta vida de paso y total… son dos días. No hay un planteamiento acerca de que la vida es una y única…que hay que aprovechar cada minuto para esforzarte en cumplir tus objetivos de vida, que, por cierto ¿alguien sabe cuales son?¿alguien se lo ha planteado alguna vez? La opinión generalizada es que son preguntas de gente que se complica la vida, que la vida es mucho más sencilla…simplemente vivir. Pero este planteamiento sirve por un tiempo, porque todos sabemos que tarde o temprano esa pregunta aparecerá entre nuestros pensamientos y, depende de lo que hayamos hecho con nuestras vidas… nos sentiremos agradecidos y tranquilos, o bien inquietos y deprimidos. Aprovechar el momento no significa vivirlo intensamente, sin problemas, dificultades, etc. Las dificultades, los obstáculos, los problemas, los retos, son oportunidades para poner a prueba nuestras propias capacidades…y darnos cuenta de ello, nos hace más fuertes interiormente.
Muchos adictos dicen: «total, para que voy a dejar de consumir si me voy a morir igualmente», «de algo me tengo que morir, por lo menos habré disfrutado»… Pero en realidad, si ahondas un poco más en ese discurso, muchas de estas personas no sienten que una vida de consumo haya llenado sus vidas, más bien al contrario, les ha dejado un profundo vacío e infelicidad.
En la sociedad de hoy día, es difícil entender que la verdadera satisfacción personal proviene del esfuerzo, el saber esperar y no quedarte con el placer instantáneo de la vida fácil.
Ya nada es para toda la vida… Dificultad en asumir compromisos
Hoy día, se puede considerar una persona exitosa aquella persona superficial, competitiva y materialista. Cada vez nos vamos convirtiendo en personas poco comprometidas con la vida personal y la de los demás… total, ya nada es para toda la vida, con lo que no hace falta comprometerse.
Hace muchos años, la mayoría de personas trabajadoras, podían pasar la mayor parte de su vida, cuando no toda, trabajando en la misma empresa, la cual se impregnaba de forma considerable en la vida anímica de las personas. En la actualidad, los trabajos son extremadamente cambiantes, incluso aumenta la calidad del currículum el haber trabajado en muchas empresas diferentes, y si están en el extranjero, aún más.
Hace muchos años, la mayoría de personas crecían, vivían y morían teniendo los mismos amigos, conocían en profundidad sus vidas, sus problemas, sus preocupaciones, su historia familiar, etc. Los amigos se cuidaban mucho y formaban parte importante de la historia personal. En la actualidad, los amigos son fácilmente sustituibles, a cualquier persona conocida se la puede considerar amiga.
Hace muchos años, la vivienda que las personas compraban, acostumbraban a ser para toda la vida…allí quedaban todos los recuerdos y vivencias de su ciclo vital. En la actualidad, las viviendas suelen ser de alquiler, y aunque sean de compra, se pueden vender y comprar otras en otro lugar…puedes vivir en diferentes lugares y cambiar de vivienda tantas veces como quieras.
Hace muchos años, la pareja con la que decidías emprender un camino en común, duraba toda la vida. En la actualidad, la pareja puede ser fácilmente sustituible.
Con todos estos ejemplos, no quiero decir que los valores de antes eran mejor que los de ahora…. Simplemente, podemos observar que con los años, el esfuerzo que hay que invertir en cada acción que emprendemos y en cada decisión que tomamos, es menor porque todo se convierte en temporal. El compromiso es menor por este efecto temporal…con lo que nuestras decisiones y nuestras acciones, se van volviendo superficiales…y lo superficial, al final de todo, no llena nuestro interior…llena lo auténtico, allí donde has depositado voluntad, ganas y esfuerzo.
«Yo no tengo porqué aguantar…»
Hoy día, buscamos la satisfacción en las acciones fáciles que den respuesta a nuestros malestares y preocupaciones de forma rápida y con el menor sufrimiento posible.
Ante cualquier malestar físico, recurrimos rápidamente a una medicación que frene los síntomas y nos permita llevar una vida lo más normal posible y sin dolor. Nos cuesta aguantar el malestar, quedarnos en casa, bajar el ritmo, hacer reposo, tolerar el dolor… España se ha convertido en uno de los países donde más medicación se toma, seguido de Estados Unidos, según el Ministerio de Sanidad. En algunos países europeos, el gelocatil, por poner un ejemplo, se dispensa de 350mg; en España ya es de 1gr, por su efecto de tolerancia.
Ante cualquier malestar emocional (insomnio, nervios, situación estresante o dolorosa, etc.), rápidamente recurrimos a un hipnótico o sedante que elimine ese estado desagradable. Nos cuesta tolerar el malestar, aguantarlo, analizar porqué me siento así, dejar que poco a poco vaya pasando.
Cuando una situación nos enoja y nos hace sentir enfadados y molestos, rápidamente tendemos a sacar el malestar hacia fuera, a proyectarlo en otras personas y sobretodo, a no hacernos cargo de él ni responsabilizarnos. Cada vez nos volvemos más intolerantes hacia los demás.
Cada vez buscamos relacionarnos y hacer amigos de forma más rápida y fácil, pues las redes sociales están para eso. Nos cuesta esforzarnos, movernos, buscar, etc.
No es negativo pasar y vivir los malestares de la vida, eso te endurece, te fortalece, te pone a prueba tus propios límites y recursos personales. Tampoco es necesario buscar situaciones de malestar, pues la vida misma te ofrece estos momentos sin buscarlos, pero tampoco se trata de sortearlo y evitarlo porque entonces no hay aprendizaje. La vida nos va poniendo retos y situaciones cada vez más complicadas, con lo que si no vamos aprendiendo a tolerar los malestares desde el principio, luego cuando la vida se va complicando (trabajo, pareja, hijos, pérdidas, etc.), nos sentimos desprotegidos, sin recursos, indefensos.
Satisfacción inmediata
Hoy día la sociedad se rige por el principio de satisfacer las necesidades y los deseos cuanto antes mejor, el placer de las cosas rápidas, me apetece algo y lo quiero ya! No hay espera. No hay visión a largo plazo, sólo se evalúan los efectos de las cosas a corto plazo. PACIENCIA no existe. El proceso de las cosas, madurar y elaborar las cosas provoca luego una mayor satisfacción del logro conseguido, y es más duradero su efecto.
La era del TODO VALE. Ausencia de límites
¿Alguien ha oído a un padre decir que si pones límites a tu hijo le estás coartando su libertad individual, que lo estás reprimiendo?
A veces hay ausencia de límites por:
- Miedo a caer en un autoritarismo.
- No saber marcar límites (falta de asertividad).
- No tener límites claros.
Relaciones familiares: padres con obligaciones, hijos sin deberes
Parece como si estuviéramos en un tiempo en que los padres hubieran perdido sus obligaciones hacia los hijos, no pueden o no hacen uso de la autoridad que les es propia. Los motivos pueden ser varios:
- Los padres pasan menos tiempo en casa, con lo que el control el menor.
- Los límites son más difusos, ya no son tan claros como antes, con lo que hay más dificultad para imponer límites porque no se sabe cuáles son los criterios.
- Los hijos tardan más en emanciparse, con lo que se viven situaciones donde se hace difícil poner límites.
- La infancia está más protegida legalmente… las nuevas tendencias de no traumatizar al hijo con normas y límites.
Por el otro lado, los hijos van adquiriendo más poder, más capacidad de decisión sobre sus cosas, pero menos deberes y responsabilidades. Se les otorga muchas veces el poder de decisión acerca de temas complejos (hora de vuelta a casa, etc.). Un adolescente, está en la transición de niño a adulto, con lo que tiene muchos rasgos de niño y de inmaduro, y muchos otros de madurez; pero no podemos confundirnos, aunque percibamos que ya empieza a ser adulto, todavía no tiene unos buenos cimientos, todavía hay que ir acompañándolo en el camino de la vida. No es él ni la sociedad quien delimita las pautas y normas de nuestros hijos, deberíamos ser nosotros, pero en la sociedad de hoy día, hay una especie de dejarse llevar.
Actualmente, el conocimiento de la tecnología «da poder»; hoy día, los hijos son los que están a la última en cuestión de tecnología, lo saben todo, con lo que la sensación de los padres es de que están anticuados, con valores carcas, incluso algunos llegan a perder autoridad. El «mi hijo sabe más que yo» se extrapola a todo, e incluso se les da una responsabilidad que no les corresponde.
Hoy día hemos pasado de un autoritarismo donde el hijo no tenía ningún poder de decisión, a un Laissez faire de absoluta permisividad.
SEGUNDO ASPECTO: LA ADOLESCENCIA, UNA ETAPA COMPLICADA
Etapa de cambio vital en la vida del ser humano, donde empieza a construir su propia identidad. Es una etapa de transición en la que se deja el niño para pasar al adulto.
Edad para abrirse al mundo: Miedos, vergüenzas, complejos.
Influencia del entorno y cuestionamiento de los criterios familiares.
Ganas por explorar el mundo, nuevas sensaciones… Hormonas revolucionadas.
Los estudios demuestran que la probabilidad de que una persona se haga adicta aumenta considerablemente en la edad de la adolescencia. Pocas personas se hacen adictas en edades avanzadas.
El sistema nervioso de un adolescente se está formando todavía, con lo que es muy plástico, muy influenciable frente a agentes externos. Normalmente, las drogas suelen estar adulteradas en un porcentaje de un 20% (muchas de ellas formadas por sustancias muy perjudicales para el cerebro adolescente: antidepresivos, anfetaminas, pastillas estimulantes retiradas del mercado, fertilizantes, etc.), según información de Energy Control.
Según las estadísticas, el 47% de las personas que comienzan a beber alcohol antes de los 14 años desarrollan una dependencia en algún momento de su vida, en comparación con un 9% de aquellos que esperan como mínimo hasta los 21 años.
Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine
Cuando se inicia el consumo de alcohol antes de los 18 años aumenta 5 veces la probabilidad de que se genere una adicción.
El alcohol incrementa la vulnerabilidad de los jóvenes frente al consumo de otras sustancias adictivas.
El inicio de consumo de alcohol en la adolescencia incrementa 4 veces la probabilidad de padecer trastornos de personalidad e incrementa al doble el riesgo de ser alcohólico antes de los 24 años.
LA FAMILIA: LOS PADRES
Miedos a abordar el tema de las drogas en general, y en particular con los hijos. Los miedos más comunes son:
A muchos padres les asusta que su hijo tenga un problema de drogas y no se den cuenta.
A otros les preocupa no tener un criterio claro sobre las drogas, por lo que evitan hablar de ello. Si se muestran demasiado condescendientes, a lo mejor los están incitando a consumir, y si se muestran demasiado radicales, a lo mejor los pueden vivir como unos carcas y eso provocar más distancia («padres coleguillas» versus «padres con autoridad»).
También preocupa el hecho de hablar del tema, por si alimentan la curiosidad del hijo.
Aparecen miedos a no saber del tema y no tener respuestas. Como padres, tenemos el derecho a no saberlo todo, pero ante una pregunta, hay que poder ofrecer respuestas buscando la información donde haga falta. No hay que tener miedo a no tener respuestas y mostrar dudas… pero no hay que dejar las dudas al aire, hay que poder tener alternativas como: «este tema no lo conozco, pero me informaré», «yo no lo tengo claro, pero lo pensaré y te digo algo».
A otros padres les preocupa cómo posicionarse con sus hijos, por ejemplo frente al consumo de alcohol o tabaco si uno de los progenitores fuma o bebe. Lo primero que los hijos les pueden decir es «si tu fumas o bebes por qué yo no puedo». Igualmente es bueno poder posicionarse frente al no y como padre plantearse dejar de fumar o si no, decirle que él también lo querría dejar y no puede.
En otras ocasiones, muchos padres, no tienen un criterio claro sobre el tema y lo delegan a sus hijos, concediéndoles total confianza en su criterio. Pero, si muchos adultos no tienen una opinión formada, ¿Cómo lo va a tener un adolescente? ¿Por qué a veces se delega esta responsabilidad en los amigos? Siempre es mejor que los hijos conozcan el punto de vista de los padres y luego si quieren, que lo contrasten con los amigos; pero el criterio más sólido, será el de casa, aunque hagan ver que no es importante.
Es bueno tener miedos, y sobretodo es importante, que desde que nuestro hijo viene al mundo, nos brinda el regalo de conocernos más a nosotros mismos, a plantearnos preguntas sobre nosotros mismos, sobre nuestros criterios, nos enseñan a pensar y reflexionar y, a tomar decisiones.
No hay que tener miedo a que nuestros hijos se hagan con el poder de los mecanismos electrónicos, nosotros seguimos siendo los padres, unas personas que, aunque sea por edad, tenemos una perspectiva de las cosas que ellos no tienen y es importante hacer valer nuestro criterio y autoridad, aunque no necesariamente desde el autoritarismo.
Nuestros hijos necesitan dialogar con nosotros aunque a veces no lo muestren. Necesitan respuestas a cuestiones que se les van planteando a lo largo de la vida y lo mejor es que puedan iniciar el interés desde el ámbito familiar.
Si no nos valemos de nuestra autoridad como padres, no tomamos decisiones que los incumben, nuestros hijos lo captan rápidamente y lo pueden utilizar en su propio beneficio: «a todos mis amigos les dejan tomar alcohol cuando salen», «yo no quiero ser diferente», «todos salen hasta las 6 de la mañana». A menudo puede pasar que este tipo de argumentos hace que algunos padres transijan por miedo a que sus hijos sean tratados diferentes o se metan con ellos por no hacer lo mismo que sus amigos.
Todas estas preguntas y más, aparecen ante el tema de las drogas. Cuando aparece un tema relevante en la vida de nuestros hijos, se nos remueven cosas personales y es importante poder escucharnos ¿le estoy dando un buen ejemplo? ¿Estoy siendo demasiado rígido/permisivo?¿Me cuesta posicionarme?¿Cual fue mi experiencia?
¿Cuándo HABLAR DEL TEMA?
Existen millones de momentos en los que se presta hablar de ello, no hay que esperar a que nuestro hijo pregunte, porque igual no lo hace nunca. Se pueden aprovechar momentos en los que el tema de la droga se hace presente en el medio familiar, bien por un programa de televisión, bien porque es la primera noche que sale con los amigos, etc.
LA DROGA DA PODERES INMEDIATOS
Aunque las drogas tienen un efecto perjudicial en el organismo, las personas consumidoras obtienen un beneficio inmediato que es el que, en determinados casos, puede generar un problema de adicción. Cada droga afecta de diferente manera en la conducta y en las sensaciones internas; unas relajan y tranquilizan, otras estimulan, otras tienen poderes alucinógenos, otras desinhiben, otras ayudan a experimentar una sensación de euforia y placer extremo, otras eliminan el cansancio, etc.
Todas ellas tienen en común que producen un efecto inmediato en el organismo. Entonces, ¿por qué las personas no deberíamos consumir drogas?
¿Para qué dejar de beber alcohol cuando salgo por la noche si eso me desinhibe y me permite ligar con más facilidad?
¿Para qué dejar la pastilla de la noche si con ello puedo dormir toda la noche? ¿Para qué dejar de fumar si tantas personas lo hacen y además me relaja?
¿Para qué dejar de beber si cuando lo hago puedo expresar mejor lo que llevo dentro, incluso puedo enfadarme?
Los valores que envuelven el mundo de la droga, están en bastante armonía con los valores que rigen la sociedad de hoy día, por eso, se hace difícil convencer a las personas de porqué es importante dejar de consumir. Potencia el vivir el momento, el no sentir el malestar y la no necesidad de afrontarlo, satisfacción inmediata, etc.
La droga es un caramelo muy apetitoso en nuestra sociedad, por lo que muchas personas no deciden dejar de consumir hasta que ello les ocasiona graves consecuencias en su vida (salud, familia, trabajo, económico…).
Muchas veces, la ganancia de tomar una droga es superior al coste de dejarla, pues si dejas de consumir, implicará sufrir los malestares de la vida, necesidad de generar capacidad de esfuerzo para conseguir las metas y objetivos, tener que posicionarte ante personas que consumen, lo que supone superar vergüenzas y miedos, enfrentarte a tus problemas, dificultades y miedos de la vida diaria, saber esperar para conseguir lo que quieres, etc. La sociedad de hoy día, tal y como he explicado anteriormente, no está en disposición de pasar por un sufrimiento si se lo puede evitar. Por eso, es importante superar estas creencias erróneas y entender que el sufrimiento forma parte del aprendizaje de la vida, te permite poner a prueba tus propias capacidades y habilidades, desarrollarte y crecer como persona.
Dejar los hábitos de consumo de drogas sirve para aprender a desarrollar recursos propios. El consumo no ayuda a afrontar los problemas, a llenar nuestra mochila de herramientas y recursos personales que más adelante nos harán falta cuando la vida nos vaya poniendo situaciones y decisiones cada vez más complejas. Más bien al contrario, nos resta recursos y ello aumenta el riesgo de confiar que las drogas nos solucionarán el problema y poco, nos podemos ir metiendo en una espiral de consumo difícil de salir, precisamente por su capacidad de generar adicción y su efecto de tolerancia en el organismo.
También el hecho de ver que no te sientes capaz de afrontar una situación si no es con una sustancia, devalúa la autoestima, hace que no te veas capaz para afrontar las vicisitudes de la vida por ti mismo y eso incrementa las ganas de consumir.
UN DROGADICTO ES…
¿Qué concepto tengo acerca de lo que es un drogadicto? ¿Qué prejuicios tengo acerca de lo que es un toxicómano?¿Cómo los veo? ¿Qué opinión tengo de ellos? ¿Y la sociedad, qué concepto tiene?
¿Es un toxicómano…
- Una persona que vive en medio de la marginación y viviendo en la calle?
- Un “vicioso” que sale de marcha todos los fines de semana y se emborracha?
- Un alto ejecutivo que para poder rendir en el trabajo y estar despejado,necesita tomar varios cafés a lo largo del día (7 o 8).
- Una persona que tiene la casa llena de botellas de alcohol escondidas portoda la casa para beber cuando le apetezca?
- Una mujer guapa y esbelta, que se dedica al mundo del diseño y necesitahacer consumos diarios de cocaína para llevar el ritmo acelerado de vida ypoder rendir y ser altamente creativa?
- Un vagabundo que siempre lo vemos en el mismo banco del parque con su tetrabrik de don simon?
Todos ellos pueden ser toxicómanos.
La definición de toxicómano, vendría a ser aquella persona que origina un proceso de adicción tras el consumo de una sustancia tóxica o droga.
Ahora sería importante definir lo que se considera droga y lo que se considera adicción.
¿Qué es para vosotros una droga?¿Qué clases de drogas hay?
Una droga es una sustancia que produce un efecto en el sistema nervioso central, provocando una alteración en nuestra forma de comportarnos.
¿Quién de los asistentes tiene droga en su casa? ¿Qué clase de droga? La gran mayoría de personas tenemos algún tipo de droga en casa.
¿La cocaína es una droga?
¿El café es una droga?
¿El tabaco es una droga?
¿El alcohol es una droga?
¿Las benzodiacepinas (tranquilizantes, somníferos, etc.) son una droga?
La siguiente pregunta, es saber qué es una adicción o dependencia:
Se genera dependencia a una sustancia cuando el organismo necesita tomar esa sustancia para evitar el síndrome de abstinencia (reacciones fisiológicas como consecuencia de la ausencia de la sustancia en el organismo), asimismo, se genera un efecto un efecto de tolerancia.
Asimismo, el perfil de persona más susceptible de desarrollar una adicción sería el siguiente (patrón de funcionamiento):
- Persona con grandes dificultades para tolerar las contrariedades de la vida.
- Persona con vistas a corto plazo y dificultad para evaluar las consecuencias alargo plazo.
- Persona poco sincera, transparente. Tendencia a autoengañarse y engañar alos demás.
- Persona que manipula: tiende a darle la vuelta a las situaciones para obtenerun beneficio o salirse con la suya.
- Persona con pocos recursos para enfrentarse a situaciones de la vidacotidiana.
- Persona con baja autoestima (falta de criterio propio, dificultad para hacersevaler, etc.).
- Persona que cuestiona y trasgrede las normas sociales.
- Persona superficial, que busca el bienestar fuera.
Esto significa, que muchos de nosotros podemos reunir bastantes de estos criterios y no somos drogadictos, pero podríamos serlo si las circunstancias nos llevaran a ello. Lo que significa, que un drogadicto no es un vicioso, un marginado o un degenerado, es una persona como tu o como yo, que no sabe resolver los problemas de una forma saludable y adecuada.
DIFERENCIAS ENTRE USO-ABUSO-DEPENDENCIA (100 ——– 10)
Se considera uso, cuando una persona utiliza una droga de forma puntual y esporádica, sin ocasionar ninguna consecuencia negativa en su salud, familia, trabajo, etc.
Se considera abuso, cuando una persona utiliza una droga, y ésta ocasiona consecuencias negativas en su organismo. Por ejemplo, con el alcohol, está considerado abuso un adolescente que se emborracha, una mujer embarazada que bebe, conducir bajo los efectos del alcohol, etc.
Se considera dependencia cuando una persona utiliza una droga, y ésta ocasiona consecuencias negativas en su organismo. Asimismo, se genera un efecto de tolerancia y, el hecho de dejar de consumirla provoca un efecto de síndrome de abstinencia (física o psicológica).
Ello no significa que toda persona que conduce bajo los efectos del alcohol o toda persona que se automedica es una persona con problemas de drogas, sino que tiene más posibilidades de desarrollar un problema de adicción.
Un problema de adicción se puede generar por un conjunto de factores: genético, social, familiar y/o personal (personalidad).
DROGODEPENDENCIA: LA PUNTA DEL ICEBERG
La problemática de la drogodependencia, esconde otros problemas subyacentes, un patrón de funcionamiento de mucho tiempo atrás. Cuando se descubre un problema de drogas, y se empieza a ahondar en su historia personal, empiezan a aparecer otras problemáticas que estaban ocultas: dificultades, miedos, complejos, traumas no resueltos, etc.
PREVENIR UNA DEPENDENCIA DESDE LA FAMILIA
Valores familiares
La verdadera prevención se hace desde que el niño nace, no hace falta esperar a que el niño sea adolescente, más bien al contrario, pues en la edad de la adolescencia no es momento para introducir hábitos. No es que sea imposible, siempre se está a tiempo de promover cambios, pero cuanto antes se ponga en práctica mejor.
¿Por qué digo desde que el niño nace?
Pues porque un niño, desde el primer año de vida y más básicamente a partir del tercer año, va tomando como modelo y referente todo lo que sus padres hacen o dicen, y se siente validado en todo lo que sus padres le dejan hacer. A veces, no es tanto el lenguaje verbal, sino lo que los padres hacen. Los niños tienen una habilidad especial para captar todo lo que es inconsciente, no que no se ve, el mensaje subliminal.
Así, si un padre «pega cuando se enfada», el niño pensará «eso es bueno, se puede hacer», con lo que cuando se enfade, pegará, aunque tú le insistas que no hay que pegar. Si un padre «es dialogante, establece acuerdos, y muestra su afecto», el hijo interioriza que ese es el valor adecuado, y lo copiará.
Así, el hijo va afianzando su sistema de valores y actitudes, fijándose en sus progenitores, y va discriminando lo que es bueno y malo, en función de lo que ve en ellos. Por eso, lo primero a plantearnos, es qué valores son los que rigen mi vida, porque esos mismos valores, son los que mi hijo copiará para moverse en el mundo.
Lo mismo sucede con nuestra actitud hacia las drogas. Si nosotros tenemos hábitos de uso o abuso hacia determinadas drogas, nuestro hijo lo capta y lo integra. Por ejemplo, una escena donde hay una celebración familiar, un niño «observa» que su padre ha bebido vino en la comida y ha tomado cava, chupitos… y luego ha cogido el coche para volver a casa (abuso de alcohol), el niño aprende que el límite del alcohol, más allá de lo que los medios de comunicación u otras fuentes puedan decir, está bien, se puede transgredir y no pasa nada.
Hoy día, nos encontramos en los centros de atención a las drogodependencias que muchos adolescentes no quieren dejar su consumo de cannabis porque lo consideran bueno y porque sus padres también lo consumen. Entonces, nos encontramos con padres que relativizan este consumo, con lo que se muestran muy permisivos con sus hijos, y por otro lado, hijos que verdaderamente consideran que si sus padres fuman porros, porqué ellos no.
Autoestima
Por otro lado, un valor importante es el de ayudar a nuestros hijos a aprender a superar las dificultades por ellos mismos, desarrollando sus propios recursos. Actualmente está la tendencia de sobreprotegerlos y evitarles el sufrimiento, seguramente, esa puede ser nuestra actitud ante la vida, evitar malestares de cualquier forma como ya hemos visto antes. Pero si nuestra actitud es esta, nuestro hijo también se va fijando en ello, aprende el mismo valor.
Por ejemplo:
-Si me duele un poco la cabeza y saco de forma automática un ibuprofeno del bolso y me lo tomo.
-Empiezo a resfriarme y me tomo gelocatil, antalgin, etc., en lugar de dejar que el cuerpo vaya haciendo su proceso de cura.
-Quiero dormir y no puedo y recurro a somníferos en lugar de intentar generar recursos propios que me induzcan el sueño (buenos hábitos, rutinas para dormir, etc.).
-Ha fallecido una persona importante y me siento tan afligida que me tomo un ansiolítco que apacigue mi dolor en lugar de dejar que salga el dolor, llorar, compartir con la gente cercana mi tristeza, etc.
Con estos ejemplos, el mensaje que transmitimos a nuestros hijos es: «como no dispongo de recursos personales para afrontar el malestar, recurro a la pastilla mágica que lo arregla todo». Es decir, necesito un recurso externo que me ayude a afrontar el malestar.
Si nosotros como padres funcionamos según este patrón, nuestro hijo lo interioriza así, con lo que ante un malestar, reaccionará de la misma manera:
Ejemplo:
-Quiero ligar en la discoteca y no me atrevo, pero si bebo alcohol, todo me resultará más fácil.
Comunicación y afecto
Buscar un adecuado equilibrio entre la función de apoyo y la función de control. La función de apoyo está fundamentada en dar respuesta a las necesidades básicas de los hijos, tanto en su bienestar físico (alimentación, vestido, etc.) como en la expresión de afecto, comprensión y aprobación. La función de control está basada en ejercer cierta disciplina sobre los hijos, para aprender las reglas del funcionamiento diario. Padres que sólo dan apoyo son sobreprotectores. Padres que solo controlan, son autoritarios.
Cómo favorecer la comunicación con los hijos:
- Buscar espacios y oportunidades para hablar con los hijos.
- Prestarles atención y hacer que se sientan escuchados. Dejarlos hablar sin interrumpir o dar consejos inmediatamente. Mostrar interés genuino por lo que nos están explicando.
- Mostrarles que pueden expresar sus inquietudes, sentimientos y opiniones sin miedo a ser ridiculizados ni recriminados. Tanto en cuestiones banales (música, moda), como importantes (drogas, sexualidad, amigos, etc.).
- Estar preparados para escuchar cosas que preferiríamos no haber oído. En lugar de enfadarnos, es preferible respirar hondo e intentar tomar conciencia de nuestros sentimientos de una manera constructiva.
- Tomar los padres la iniciativa, si es necesario. A veces es una buena herramienta hablar d cómo te ha ido a ti el día y después preguntarle a tu hijo.
Cuando los vínculos entre padres e hijos son fuertes y la relación entre ellos es buena (predominan la calidez y el afecto positivo), los hijos se sienten más seguros, son más proclives a actuar de acuerdo con las expectativas de sus padres y aceptan mejor la supervisión de su conducta. Una buena relación entre padres e hijos es el resultado de:
- Motrar y expresar afecto a los hijos. No sólo durante la infancia, sino también en la adolescencia, pues en esa etapa los hijos necesitan saber que son importantes para los hijos.
- Disponer de un cierto tiempo para compartir en familia.
- Ayudar a los hijos a sentirse parte de la familia:
- Dejándoles participar en decisiones familiares.
- Asignándoles responsabilidades sobre las tareas de casa.
- Participando juntos en actividades sociales.
- Tomando parte en áreas de interés de los hijos.
Marcar límites
El establecimiento de normas y pautas de comportamiento de los hijos claras y coherentes es un factor de protección que se enmarca en el uso de métodos de disciplina positiva. Por el contrario, el desarrollo de prácticas educativas muy severas, coercitivas o inconsistentes constituye un factor de riesgo para el consumo de drogas y otros comportamientos problemáticos, genera conflicto y distancia entre padres e hijos, y dificulta la supervisión del comportamiento de los adolescentes.
Las normas y límites familiares ayudan a estructurar la conducta de los hijos indicándoles qué comportamiento son considerados aceptables y cuáles no, por parte de sus padres. Aun así, la educación no es imponer límites y normas, el sentido es que se pueda conseguir que los hijos desarrollen un sistema de valores propio y adopten conductas acordes con el mismo.
Aspectos importantes:
- Tener claros los motivos que justifican las normas que se imponen, y explicarlos a los hijos, así como las consecuencias de incumplir las normas.
- Fundamentar las normas en las consecuencias que se derivan de cumplirlas o incumplirlas, para los hijos y para los demás; y no tanto para los padres.
- Procurar pactar las normas con los hijos, admitiendo modificarlas si aportan motivos razonables.
- Relacionar responsabilidad con libertad, al pactar las normas. Ej. Si quieres llegar por la noche una hora más tarde (libertad), demuestra que asumes las responsabilidades de casa. Si no lo haces, volverás a la misma hora, y si te retrasas, no saldrás el domingo (sanción).
5. Una vez fijada una norma, exigir siempre que se cumpla; yu en caso de incumplimiento, aplicar siempre la sanción prevista.
Cómo aplicar sanciones:
- Mejor castigos pequeños y aplicados de forma coherente.
- Sanciones proporcionales a la gravedad de la conducta.
- Relacionar la sanción con la conducta que la motiva.
- No castigarse a uno mismo o a otros miembros de la familia.
- Buscar con la sanción, efectividad y no una revancha.
En relación a este punto, los padres deben tener un posicionamiento claro acerca del tema de las drogas.
Tiempo libre
Es muy importante ofrecer a nuestros hijos un abanico amplio de recursos para disfrutar del tiempo libre. En las diferentes actividades de ocio, el niño se podrá conocer en gustos, intereses, capacidades y potencialidades. Aprenderá a disfrutar de la vida en diferentes formas, así como que se dará cuenta de que puede elegir diferentes vías de entretenimiento y diversión. Además, podrá descubrir su propia individualidad respecto a su grupo de iguales, que puede ser diferente a sus amigos sin que ello implique un rechazo. Si todo ello lo tiene integrado en la infancia, cuando llegue a la adolescencia le será más fácil elegir lo que quiere y lo que no, lo que le gusta y lo que no, lo que le conviene y lo que no.
De la misma manera, y siguiendo la misma línea que hemos comentado de cómo los padres damos ejemplo a nuestros hijos, sería muy recomendable que nosotros también utilicemos nuestro tiempo libre de la forma lo más variada posible: lectura, cine, aficiones, deportes, cultura, etc.